sábado, 26 de noviembre de 2011

La semilla del Diablo

Queridos amigos, ¿A quién no le gustaría probar y madurar los frutos de La Semilla del Diablo? No os preocupéis, no está relacionado con aquella semilla que la ciencia ficción de Roman Polanski nos presentó hace ya más de cuatro décadas. Si lo estuviese, sería en todo caso con el hecho de crear vida o salvarla, nunca perturbarla. Hablo de la semilla de la curiosidad humana. Hablo de querer ver, querer sentir, querer aprender, querer experimentar, cada día más  y más. Hablo de no darse  a la apatía ni a la vida fácil. Es una semilla diabólica, que no te da paz.  Si le regalas un vasito de agua y unas horas de luz, pronto te pedirá litros y el solsticio de junio.  Por desgracia, es una semilla que a pesar de tenerla no  todo el mundo la cultiva.
Habiendo introducido esta idea, me gustaría compartir con vosotros una escena que me entristeció profundamente la semana pasada. Como cualquier otro viernes  alrededor de las 7 de la tarde, bajé las escaleras de la boca de Metro de Noviciado, inmersa en mis pensamientos y tareas por realizar. El ambiente en la calle era festivo: amigos encontrándose, familias yendo juntas a comprar, oficinistas felices de estar exentos de dos largos días detrás del ordenador… Había una energía resplandeciente a mi alrededor, y eso, al estar acostumbrada a la fría rutina inglesa, me llenó de un sentimiento profundo de aceptación y empatía hacia los que me rodeaban. Bajé al andén. El panel marcaba 3 minutos para el próximo tren. Mientras tanto, como de costumbre, me distraje viendo a los pasajeros de la dirección contraria pasar. Cosa que por cierto os recomiendo, ya que es súper divertido analizar lo paradójico entre la gran variedad de caracteres e individuos ( la imagen única y original que tenemos de nosotros mismos) y a su vez qué comportamientos en sociedad tan estructurados y fielmente cumplidos (como borregos, perdón por la expresión, yo misma incluída). De repente, de entre las diversas imágenes que procesaba, mi cerebro seleccionó  y se centró en la de una mujer joven, bastante guapa que sostenía unos globos amarillos, bien grandes y divertidos. Probablemente me llamó la atención por lo agradable de compartir un momento en el que la gente se lo estuviese pasando bien. Deduje que vendría de una fiesta, aunque en cuanto se paró, se sentó, y tuve la oportunidad de mirarla más fijamente no tuve tan claro (fuera aparte su opinión) que lo hubiese pasado tan bien.  Hacía movimientos bruscos y algo violentos.  Sus ojos estaban desorbitados y su mandíbula se balanceaba de derecha a izquierda. No era difícil adivinar que estaba bajo los efectos de alguna droga dura. Mi tren llegó en ese momento y la vi alejarse, todavía sentada, tras el cristal. Fue entonces cuando mi ánimo de alegría contagiada se desmoronó y careció de sentido.
Un estudio reciente señalaba el mero aburrimiento como la causa principal para el consumo de drogas. ¿Cómo es posible que no podamos encontrar estímulos para sensaciones nuevas, agradables y  de plenitud por nosotros mismos, sin engañar a nuestro cerebro? ¿Cómo es posible que esta chica no supiese encontrar antes de las 7 de la tarde nada mejor que una raya o una pastillita para pasarlo bien? La única explicación a la que he llegado después de darle vueltas es La semilla del Diablo. Un estímulo que probablemente a todo el mundo le haya sido implantado en algún momento de su vida por sus maestros,  familia o amigos.  Yo, como buena adolescente la abandoné durante unos cuantos años, buscando, inconsciente de mí, sensaciones en lo externo (drogas blandas, novio..etc) que como establece la engañosa tradición te harán feliz y te realizarán. Por suerte, volví a recuperarla no hace mucho tiempo  gracias a grandes amigos y fantásticos profesores. Y todavía lo hago gracias también a vosotros, compañeros de la universidad, que cultiváis en mí el ir más allá.
 Por eso, mi gran objetivo, si algún día llego a ser profesora, será dar agua y luz para que  la vida que esa semilla pueda crear no caiga en el olvido. Será  estimular más que enseñar, puesto que un individuo inquieto puede aprender  y buscar las fuentes de conocimiento y felicidad por sí solo.
Para despedirme, os dejo con un vídeo de uno de mis músicos favoritos y gran amigo, Valeriy. Una persona que me abrió los ojos y me ayudó a recuperar mi semilla diabólica. Una persona insaciable a la hora de descubrir y experimentar, por si nos puede servir de inspiración.

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Un abrazo,
Meme.


lunes, 14 de noviembre de 2011

Bienvenida

Queridos compañeros y compañeras, fans del blogging y demás partícipes,
Mi Yo – Ga.in  ¡Ya está aquí! ¡Por fin, me lo he creado! Sé que lo estabais esperando.., o quizás ni siquiera lo echasteis en falta, aunque en mi mente conservaré únicamente la primera posibilidad, para inspirar la mejor y mayor creación de éste. Considerando mi historial y continuidad de trabajo, que viene desde tiempos tan antiguos como mi educación primaria, resulta, para mi conciencia e imagen externa, un verdadero alivio y milagro respectivamente, el hecho de  que haya creado algo relacionado con una tarea de evaluación antes de una semana y media de su fecha final. Seguramente, si dependiese de mi única y propia instigación, este Blog seguiría constituyendo un cúmulo de conexiones neuronales y posibles producciones abstractas aun por codificar. Debo atribuir y agradecer, por tanto,  el hecho de que no sea así, a mis compañeros, que sin quererlo, es más, siendo humildes y solidarios, me hacen sentir como una verdadera vaga e ignorante cada vez que cambio mi violín por un mero bolígrafo.
Me gustaría, como presentación de ambos,  Blog y autora, daros a conocer el descubrimiento que ha cambiado casi todas mis perspectivas sobre lo que me rodea, lo que llevo dentro y cómo afrontarlo. Hablo de la milenaria práctica del Yoga, del estudio del Yo, de lo propio, que tanto defendemos y recelosamente protegemos, pero que a la vez muy poco criticamos. Esta práctica del yo nos conduce al consecuente entendimiento de lo externo, puesto que si tú mismo te reconoces en orden, lo que te rodea comienza a estructurarse de una manera eficiente y menos caótica.  Ganas y asimilas (Ga.in)  tranquilidad y paciencia, dándote la posibilidad de ser  menos susceptible a las ya clásicas ansiedades, al menos en mi persona,  de la presión para alcanzar éxito  y recibir reconocimiento.

 En los cuatro años que ha durado mi Grado, las presiones externas eran constantes y desmoralizadoras. En una profesión ya de por sí altamente competitiva, como supone cualquier disciplina artística a un alto nivel, encontrar equilibrio mental y físico y a su vez constancia para una práctica eficiente y productiva se hacían verdaderamente imposibles. Era, en ocasiones, como librar una guerra psicológica con tu profesor, tus inseguros compañeros (en el que yo me incluyo) y tu propio autoestima todos situados en el campo de batalla, tratando de luchar por el ya mencionado reconocimiento. Afortunadamente, el Yoga  me ha rescatado de este sangriento escenario, posicionándome en una colina para ver lo que sucede y poder aceptar que la guerra es una realidad pero en la que no es necesario participar, por tu propia integridad.
Además, gracias al Yoga soy más fuerte, ya no tengo excusas baratas donde esconderme, o al menos intento no tenerlas. Las más comunes: no puedo hacer esta postura porque nunca he sido flexible, o no puedo permanecer en la postura inmóvil, porque soy nerviosa y me falla el control mental…. No tienen desperdicio al compararlas con sus homófonas en la rutina del día a día, tales como: yo para esto nunca he tenido capacidad, o es que se me ha colado este imbécil delante y he perdido los estribos.. por ejemplo. Evidentemente, el Yoga no me ha hecho perfecta, es decir, sigo pitando o impidiendo el paso a algún conductor listillo que se me quiere colar en algún ceda, y no puedo evitar, por mi carácter, echar alguna mirada de mala leche a más de un capullo que no sabe respetar el espacio ni las formas en el  Metro, pero  a lo que sí me ha ayudado, es a interiorizar que esto no es del todo beneficioso para mi espíritu ni los que me rodean, y que sería mucho más feliz si lo pudiera cambiar.

Para despedirme, os dejo un video de un grupo musical que ha dicho recientemente adiós a su carrera, R.E.M., demostrando que el YO completo, un estilo propio a pesar de los requerimientos de la industria, con dedicación, da frutos de reconocimiento, GA.ining aceptación.
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